El origen de Todos Santos

Por: Fernando Huanacuni Mamani

En esta fiesta ceremonia del Wiñay Pacha (hoy conocida como “Todos Santos”), quiero compartirles algunas enseñanzas de mis abuelos. Recuerdo hace muchos años cuando preparábamos con mi abuela ese lugar especial para honrar a nuestros ancestros, ella cuidaba cada detalle con mucha prolijidad y cariño. Preparaba los panes, las t’ant’awawas, la comida, la fruta, el agua para colocarlos en los cuatro niveles y al mismo tiempo me iba enseñando; el primer nivel se llama Mach’aq Ajay Apjata, que significa mesa para el nuevo espíritu y se arma para los seres queridos que ya cumplieron un año de haber partido. El segundo nivel se llama Taypi Ajay Apjata, que significa mesa para el espíritu en mitad de la transición y se arma para los seres queridos que ya cumplieron dos años de haber partido. El tercer nivel se llama Tucut Ajay Apjata que significa mesa para el espíritu que terminó la transición y se arma para los seres queridos al tercer año de su partida. Y finalmente el cuarto nivel se llama Wiñay Marka que es la mesa para quien vive en el Pueblo eterno y se arma para los seres queridos que ya partieron hace cuatro o más años. De esta forma me enseñaba mi abuela, me decía que el espíritu que emprende el viaje al Wiñay Marka (Pueblo eterno), durante los primeros tres años, transita hacia el más allá, y el cuarto año llega al Wiñay Marka. Pero en esta época las dimensiones se juntan y podemos encontrarnos con todos los seres que viven allí, así que debemos recibirlos con agradecimiento.



Ella me decía “todo lo que te he enseñado a mi me lo han transmitido mis padres y mis abuelos y me han encargado también continuar la enseñanza, por lo tanto tú también deberás enseñar a las nuevas generaciones todo lo que estás aprendiendo, pero tienes que dejar sentimiento y verdad en cada palabra. Ahora encendamos las velas porque ellos ya están con nosotros”. Y nos quedamos en silencio. Me alegraba saber que no éramos los únicos haciéndolo, que antes hubieron muchos seres que también honraron a sus ancestros. Mi abuelo y mi abuela estaban realizando el phukhachaña, que es el ritual para completarnos y comunicarnos con los ancestros. Cuando los vi estaban con las palmas a la altura de los hombros, en sus ojos se reflejaba un profundo respeto y agradecimiento; nombraban uno a uno a los ancestros, tratando de recordar a todos, incluso invitaban a los desconocidos (uñt’at jan uñt’ata), aquellos que no tenían a nadie que se acuerde de ellos.

Ahora que soy yo quien debo armar el altar para recibir a mis ancestros recuerdo muchas de las enseñanzas de mis abuelos. Un día que nos encontrábamos sembrando la abuela me preguntó, mostrándome una papa, “¿que ves aquí?” Le contesté una papa. Pero ella insistió: “¿y qué más?” Pues que podemos preparar una comida con ella. “Si también, pero además ésta es una semilla que puede alimentar a muchos en el futuro; si nos la comemos ahora dejará de ser una semilla que puede alimentar a muchas generaciones. Entonces esto es mucho más que una papa; es una semilla que va a generar miles de papas. Jamás veas sólo este tiempo, debemos siempre mirar desde todos los tiempos. Nuestros abuelos y abuelas sembraron con mucho sentimiento para este tiempo y para muchos otros tiempos, es por eso que ellos están más allá del tiempo, sus palabras, sus enseñanzas perviven en la eternidad. Ellos no sólo buscaron el beneficio de unos cuantos, querían el vivir bien de todos y nosotros sus hijos, sus nietos, somos sus ojos, su voz y su corazón. También me explicó que una semilla es el inicio de muchos frutos; que de la semilla se genera la vida, por lo tanto jamás debemos desechar o desperdiciar un fruto, una semilla. De la misma forma cada persona, cada planta, cada animal, es parte importante del equilibrio de la vida, cada quien tiene un rol importante, jamás debemos desmerecer la labor de nadie, porque todo, así como los niños, son semillas de grandes maestros.

Recuerdo también estar conversando con mi abuelo y entonces le agradecí por enseñarme a vivir, mi abuelo me dijo que su propósito no era enseñarme a vivir, sino enseñarme a morir, “porque si sabes morir sabes vivir, la vida es un viaje sagrado y las experiencias de este viaje son muy importantes no sólo para nosotros sino para los demás, no podemos solamente ver transcurrir del tiempo, debemos transcurrir con el tiempo, ser parte de la historia y de la vida y entregarnos con intensidad, sin temor, sin miedo a morir”. Hoy recuerdo estas palabras y surge en mí un sentimiento de agradecimiento a mis abuelos y a los padres y abuelos de mis abuelos, a todos mis ancestros, porque lo que hoy estamos compartiendo no es sólo un sentimiento personal, son las enseñanzas de nuestros ancestros, que generaron toda esta sabiduría. No sólo ahora que es noviembre podemos volver a ligarnos con nuestros ancestros, sino porque éste es el tiempo de retornar al equilibrio y a la armonía, a nuestra identidad, a nuestra fuerza y nuestros ancestros son nuestra fuerza.

Vía: Comunidad Sariri 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Blogs recomendados